Autoexigencia

Tiempo

¿Cómo afecta el miedo a perder a mi tiempo?

El miedo a perder

La bandera de deshacer la autoexigencia responde a un arma de doble filo, ya que se corre el riesgo de quedarnos en la superficialidad, en la grieta, en el cuello del volcán sin llegar al epicentro.

En uno de los mástiles donde ondeamos la bandera está escrito el lema “no vivir para trabajar”, palabras que nos traen rechazo hacia la imagen de vernos horas y horas frente a una pantalla o en un solo lugar que hace sombra a todos los rincones en los que queremos ser destello.

Cogemos aire desde el miedo a perder y nos envalentonamos en aprovechar el tiempo en otras actividades, maquillando desde dentro la cárcel con las llaves en el bolsillo, en otros quehaceres que también, por supuesto, den sus frutos, frutos que poder mostrar.

Y es que, ¿sobre qué paisaje planto semillas de los frutos que anhelo ver crecer? De los paisajes públicos, que puedan visitar otras personas.

El deseo de mostrar el producto de nuestro tiempo

Puede que la autoexigencia continúe matando el disfrute mientras no reconquistemos el estar presente en los actos que no dan frutos visibles, públicos; mientras que tracemos la productividad en el gesto acumulativo, en el que “sirva para”, entaponando las papilas gustativas de lo efímero sin función de poso, del hacer por el gusto de hacer, por el valor de la vida en el proceso sin siquiera atisbar en qué mar desembocan sus corrientes.

Pero esto da mucho miedo. Nos da miedo por el vértigo que supone derrochar el tiempo a la vida en lugar de sacrificarlo en un porvenir que auguramos mayor. Un “para después” difuso que no podemos ver con claridad, tan solo intuir que podría hacernos más felices, y que cuando llega, insaciables nosotrxs nos sentimos carentes y repletxs de nueva necesidad, culpables por este agujero negro al que nada le llega a servir, del todo.

Las cualidades olvidadas del tiempo

¿De qué alimento está compuesta esta ilusión desesperanzada? De sentir que si no perdemos el tiempo, estamos actuando bien. ¿Es posible en la cualidad del tiempo la pérdida?

El tiempo no se pierde, implacablemente se vive.

En la vivencia está la angustia y también la plenitud. Es intrínsecamente humano, incluso saludable, transitar ambas estaciones, pero quizá podamos quedarnos un poquito más en la segunda si en lugar de tratar aprovechar el tiempo, simplemente lo disfrutamos.

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