Ansiedad e insatisfacción vital

Hay momentos en los que caemos en la cuenta de que vivimos con prisa pero que si nos preguntaran adónde queremos llegar, no tenemos ni idea.

Si compartes esta experiencia, puede que también venga acompañada de una sensación de ahogo en el pecho y la garganta, de que el corazón se te acelera; quizá tengas dificultades para dormir, a pesar de sentir mucho cansancio durante todo el día, o al contrario, no encuentres las fuerza para levantarte de la cama.

Además, puede que todo este cúmulo de malestar te haga sentir que ya no disfrutas las cosas que antes te hacían sentir bien, que te sientas en una espiral de confusión y desgana, en la que te cuesta encontrarle un sentido a la vida.

Me atrevo a preguntarte una cosa: ¿alcanzas metas y logros que crees que te harán feliz pero, una vez llegas a ellos, continúas sintiendo que no es suficiente para alcanzar el bienestar?

Todas estas experiencias pueden venir de muchas fuentes: la presión social, la autoexigencia, el descuido del mundo interior por vivir en piloto automático, o el miedo a la incertidumbre, más ahora en la difícil situación sanitaria que estamos atravesando.

Sea como sea, estas sensaciones funcionan como una alarma: te están indicando que algo dentro en tu interior no va bien y que probablemente necesites bajar el ritmo, observar tu experiencia y re-evaluar el camino que has decidido seguir. Incluso, pueden llevar a plantearte: ¿has decidido un camino propio o te ha sido dado?

En terapia podemos deshilar todas estas sensaciones y darles la forma que nos sirva como motor para la construcción de un camino que esté más cerca de tus propios valores, mediante un enfoque que permita alinear lo que sientes, lo que piensas y lo que haces.

Lo más importante en la vida es que lo más importante sea lo más importante.
Stephen Covey